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nicergoline In our case the epithelioid tumor cells showed moderate

In our case, the epithelioid tumor nicergoline showed moderate-to-strong positivity for S-100, Melan-A, and HMB-45, while the giant or gigantic cells were mostly S-100-negative but Melan-A- and HMB-45-positive. Although some gigantic cells were CD68-positive, they were negative for CD163, a more specific marker for histiocytes.
Other differential diagnoses of AFX-like melanoma include MFH and a rare example of Merkel cell carcinoma with AFX-like features. The tumor cells in MFH were mostly S-100- and HMB-45-negative, although two cases of S-100-positive MFH have been reported. Merkel cell carcinoma, recently found to be associated with clonal integration of the Merkel cell polyomavirus, is usually neuron-specific enolase-positive and shows characteristic paranuclear dot-like positivity for monokeratin.
It may be difficult to differentiate epidermotropic metastatic melanoma from primary melanoma, and the importance of distinguishing a local persistence of primary lesions from metastatic lesions has been re-emphasized. With our patient, although the possibility of a metastatic melanoma could not be completely excluded histologically, the finding of an intraepidermal proliferation of atypical melanocytes off to one side of the dermal tumor in conjunction with an absence of dermal scarring favored the diagnosis of primary melanoma. This was further supported by negative findings from the positron emission tomography examination and sentinel lymph node biopsy. The two lesions may represent a primary amelanotic melanoma and a satellite metastasis. The tumor was N2c according to the staging system of the American Joint Committee on Cancer, and should be treated as having nodal metastases.
In addition to AFX-like malignant melanoma, collision tumors of AFX and invasive melanoma have also been reported. Wilsher reported a 76-year-old male who presented with a 17 mm ulcerated nodule on his scalp. Similarly, McGregor et al. reported a 71-year-old male with a 0.6 cm pearly papule on his back. With immunohistochemical staining, both cases were confirmed to contain two distinct but contiguous neoplastic components of AFX and melanoma.

Introduction
In 1995, Lucker et al described a 34-year-old man with a 9-year history of pruritic lesions confined to the natal cleft, which was termed \”porokeratosis ptychotropica\”. In Greek, the word \”ptyche\” means fold and \”trope\” means turning. Later in 1999, Stone et al described a similar case, in which a 32-year-old man with a 13-year history of pruritic lesions also confined to the natal cleft. It was named “perianal inflammatory verrucous porokeratosis”. Until now, this is still a rare variant of the disease. It is also termed porokeratosis ptychotropica, hyperkeratotic porokeratosis, and genitogluteal porokeratosis. In this report, we present a 43-year-old man with this rare disorder.

Case report
This 43-year-old, otherwise healthy man, presented with long-standing itchy skin lesions on the buttocks for more than 20 years. It first appeared as a single lesion on his right buttock at 15 years old. He went through a surgical excision of the lesion at a dermatology clinic. However, the skin lesion progressed and extended from the natal cleft and buttocks to the penis and scrotum. During the following years, he had been diagnosed as having psoriasis, viral warts, and condyloma. Various treatments were given including medical medications, surgical excision, cryotherapy, and electrocauterization at different hospitals and dermatology clinics. The lesion seemed to disappear initially, but recurred a few months later. During the past 28 years, the lesions had gradually increased both in size and number. There is no associated family history. The skin lesions were itchy and appeared reddish or brownish in color. During physical examination, numerous verrucous to flat papules and plaques were seen on buttocks, natal cleft, penis, and scrotum (Figure 1). Epidermodysplasia verruciformis was suspected clinically and a skin biopsy of the hyperkeratotic plaque on the left buttock was performed.

Tambi n encontramos esta clase

También encontramos esta clase de acciones en la narrativa contemporánea. En un relato maya, se habla de un hombre que engaña nicergoline un rey haciéndole pensar que un conejo es un niño mandadero, luego utiliza un cuchillo clavado en un hígado de res y un silbato para dar la impresión de que puede matar y revivir a su esposa; el soberano, que lo cree todo, acaba asesinando por error a su propia mujer y el protagonista se apodera de sus bienes (Andrade y Máas Callí, 1991: 337, 359). En el mito mixe del sol y la luna, tenemos a un par de niños que confunden a un zopilote al hacerle creer que su madre muerta es una piedra con falda; el ave intenta comer el cadáver y termina rompiéndose el pico (Miller, 1956: 78). En el mismo texto, los protagonistas matan a su abuelo, remplazan su cuerpo por un costal lleno de insectos envuelto en un petate y, al momento en que la abuela se acerca a él es picoteada por los animales (Ibídem, 81, 90). En una variante de Juan Oso del sur de Veracruz, un conejo engaña a un poderoso simio, llamado el Chato, estrellándole un tecomate lleno de vísceras de caballo; el enemigo piensa que le han roto el cráneo con una piedra y huye despavorido al monte (Campos, 1982: 144-152).
Más interesantes aun es el recurso a la metáfora ritual para el engaño de entidades sobrenaturales. Cuando entre los mayas contemporáneos nicergoline llega a morir un gemelo, se supone que su ‘alma’ —o pixan— intentará llevarse al hermano vivo. Entonces, se realiza una efigie del sobreviviente, se le hace un funeral y se le sepulta junto al otro cadáver haciéndole pensar que su fraterno también ha caído (Quintanal, Quiñones, Rejón y Gómez, 2013: 63). Una vez que el bädi otomí se ha dado cuenta de que un espíritu está invadiendo el cuerpo del enfermo, deberá recortar una silueta antropomorfa de papel y ofrecérsela como sustituto del organismo ocupado. Esa figura, alimentada con la sangre de una víctima animal, recibe el nzáki malhechor al ser frotada sobre el enfermo; e, inmediatamente, es arrojada al monte para evitar que se quede rondando en la comunidad (Pérez González, 2014: 88). En el rito conocido como ‘levantar la sombra’ se crea una imagen vagamente antropomorfa para que la entidad anímica expulsada por el cadáver se aloje en ella y pueda ser transportada al cementerio (véanse Flanet, 1977: 115; Garret Ríos, 2014: 122-123; García, 1987: 15-21); el riesgo que se correría, en caso de omisión, es que la entidad quedara atada al lugar de deceso causando enfermedad y muerte a Catabolite repression sus congéneres (véase Martínez González: 2006: 177-199).
La incapacidad divina para comprender los procedimientos metafóricos de los humanos también parece haber sido aprovechada en tiempos antiguos. Los mexicas debieron recurrir a esta clase de procedimientos cuando entregaban cautivos extranjeros a los dioses anunciando que se trataba de “su amado hijo” (Graulich, 2003; Sahagún, 1950-1982: VI 17, 89; véanse también : I 89). Lo mismo debió suceder cuando, a falta de víctimas animales, los mayas peninsulares ofrecían corazones de incienso en lugar de verdaderos músculos cardiacos (Landa, 1938: 169).

Consideraciones finales
La pretensión cartesiana de ceñirse únicamente a lo que es posible observar nos conduce a negar al otro la posibilidad de percibir el mundo de manera distinta. Dar por hecho que el discurso ajeno es una mera representación implica una forma de descalificación en la que el investigador se ubica como el único capaz de definir lo real. Deshumanizamos e infantilizamos a nuestras alteridades produciendo metadiscursos con los que muchas veces nuestros interlocutores no se sienten identificados. Aceptar que la realidad depende del punto de vista del observador implica, por el contrario, poner a nuestros sujetos de estudio en pie de igualdad; la oposición de sujeto-activo/objeto-pasivo se transforma en una relación dialógica que da lugar a la construcción nuevos mecanismos de traducción. Lo que se propone, en términos metodológicos, es dejar de pretender explicar y permitir a “los conceptos ajenos deformar y subvertir la caja de herramientas conceptuales del traductor a fin de que el lenguaje original [el antropológico] pueda ser expresado a través del nuevo” (Viveiros de Castro, 2004; véanse también Wagner, 1981: 22, 35, 47, 54-56; Latour, 1993: 92).