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La estabilidad de precios, tasas de interés y tipo de cambio en Estados Unidos y en la eurozona
Una moneda internacional, por definición, debe fungir adecuadamente como unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor, tanto dentro como fuera del país que la emite. De allí que los países que emiten monedas internacionales puedan obtener beneficios de señoreaje en dos ámbitos claramente diferenciables: el doméstico, cuando el dinero recién emitido se gasta en territorio nacional, y el foráneo, cuando el dinero de nueva creación se emplea para pagar importaciones o liquidar pasivos con el exterior. El ejemplo más destacado de este fenómeno es Estados Unidos, pues esta nación, gracias PR-957 la elevada demanda mundial de dólares, ha podido financiar una fracción importante de su déficit en cuenta corriente por la vía de la emisión primaria de medios de pago. Para prolongar la supremacía del dólar y los beneficios que ésta entraña, se debe cuidar en primer lugar la estabilidad macroeconómica. Esto significa que las principales variables agregadas de la economía deben exhibir una volatilidad mínima. Las variables agregadas pueden ser nominales, como los precios, las tasas de interés y el tipo de cambio, o reales, como los niveles de actividad económica y empleo. Esta sección versa sobre la estabilidad de las variables nominales, dado que la siguiente está enfocada al respaldo real del dólar.
La principal bondad de una moneda es la estabilidad de precios, medida a través de la tasa de inflación. Si la inflación es baja y estable en un país, entonces la moneda respectiva conserva su poder de compra con el paso del tiempo. Tanto la Reserva Federal de Estados Unidos como el Banco Central Europeo son instituciones autónomas comprometidas con el combate a la inflación. La inflación, a su vez, es uno de los determinantes básicos de la tasa de interés nominal y del tipo de cambio. La relación entre la tasa de inflación y la tasa de interés nominal se explica a través de la ecuación de Fisher:donde i es la tasa de interés nominal, r es la tasa de interés real y π es la tasa de inflación esperada. La interpretación convencional de la ecuación (1) es que, bajo el supuesto de que la tasa de interés real permanece constante, las variaciones en la tasa de interés nominal dependen de las variaciones en la tasa de inflación esperada (Saunders y Cornett, 2007, p. 46; y Mishkin, 2006, p. 80). Si los agentes económicos privados forman sus expectativas de inflación con base en la experiencia inflacionaria PR-957 reciente, entonces la tasa de inflación esperada o ex ante (π) y la tasa de inflación ex post (π) convergen en el largo plazo. Consecuentemente, la versión ex post de la ecuación de Fisher sería: i = r + π. Esto significa, simplemente, que una tasa de inflación baja y estable contribuye a generar tasas de interés nominales bajas y estables.
El tipo de cambio también se ve influido por la tasa de inflación. De acuerdo con la versión relativa de la teoría de la paridad del poder adquisitivo (ppa), en el largo plazo, la tasa de depreciación del dólar frente al euro, denotada como Δe($/€), es igual al diferencial entre la inflación en Estados Unidos (π) y la inflación en la eurozona (π). Esto es,
Existe evidencia empírica reciente de que, en el caso concreto de las economías desarrolladas, la teoría de la ppa se cumple en escenarios de largo plazo (Zhou, Bahmani-Oskooee, y Kutan, 2008; y Bénassy-Quéré, Béreau, y Mignon, 2008). De esta manera, la ecuación de Fisher postula que las tasas de interés nominales se ven influidas por la tasa de inflación, en tanto que la versión relativa de la teoría de la ppa plantea que la tasa de depreciación (o apreciación) de las monedas se encuentra estrechamente ligada con los diferenciales de inflación entre las naciones.
En el cuadro 1 se compara el comportamiento de la tasa de inflación y de la tasa de interés de referencia de Estados Unidos y la eurozona 19 durante el período 2002-2015. En dicho cuadro, se puede asimismo observar la trayectoria del tipo de cambio spot del dólar frente al euro. Lo primero que debe destacarse es que, durante el período 2002-2015, la tasa de inflación promedio de Estados Unidos y de la eurozona fue de 2.11 y 1.82%, respectivamente. Al estimar la desviación estándar de la tasa de inflación, se corrobora que ésta también es más elevada en Estados Unidos (con 1.14 unidades) que en la eurozona (con 0.94 unidades). Esto significa que la inflación en la eurozona no sólo es más baja sino, también, más estable.